Respeto tanto a la tristeza como a la alegría. Ambas me parecen emociones tan intensas y extremas que merecen ser asumidas con igual atención. Hoy ando triste. Mi cara, mi caminar cabizbajo y mi voz a medio tono así lo evidencian. Sucede que al igual que con la alegría, tengo claramente identificadas mis tristezas. Siempre están ahí, cuidadosamente guardadas en algún rincón de mi corazón y de mi mente. Están a la espera que alguna frase, imagen o hecho las saque a relucir y se vuelvan protagonistas de mi actitud ante la vida o del día que vivo. Te invaden los territorios íntimos, te vuelven suceptible ante el más mínimo acontecimiento, cosas que antes podías pasar por alto ahora se vuelven trascendentales y cobran una dimensión llena de nostalgia y apesadumbramiento.
Además, por lo menos en mi caso, la tristeza me impulsa a hacer cosas que no haría cuando estoy alegre. Me estímula a escribir, a desplegarme sobre un papel, a expresarme. La tristeza toma su propia voz, necesita manifestarse, abrirse camino y dejar en claro que ha poseído a un sujeto y lo esta maniatando por dentro y por fuera. Así la tristeza le dice a la alegría soy tan fuerte como tú y aún más. Te vencí, ¿ Dónde ha quedado tu algarabía, tu euforia, tu pasión ?
Pero como en toda emoción, la tristeza tiene sus fases. A medida que la experimento llega el momento de los cuestionamientos, se abre un paréntesis esperanzador que me dicta siempre las mismas preguntas : ¿ Porqué debo estar triste? Tengo muchas razones para no estarlo, 2 hijos preciosos, una casa, un trabajo, amigos, no muchos pero los suficientes, padres, hermanos, sobrinos. Y sobre todo un Dios que me quiere. ¿ Es acaso poco lo que tengo ? ¿ No basta con toda esa vida llena de maravillosa cotideaneidad?. En realidad y para decepción de muchos entusiastas no es suficiente. Y no lo es porque para que la tristeza desaparezca no hay que parcharla con las cosas buenas que nos suceden, hay que dejar que fluya, transitar por ella, tutearla y conocerla, mirarla de frente, aceptar que existe, porque eso es lo que ella quiere, que la aceptemos dentro de nuestra vida y que no andemos fugando de su presencia, escapando. Porque la señora tristeza se molesta y cuando eso sucede saca todos sus poderes y capturados por estos nos debilita de tal manera que nos convierte en sus fantasmas, en ánimas grises y se queda por más tiempo de lo esperado.
Por eso ante este sentimiento tan venido a menos solo puedo decirles, dejen que venga, igual los va a visitar. Acógelo, deja que hurgue en tu interior, no tengas miedo a lo que te va a producir, por que de la tristeza uno sale dignificado, eres otro, hiciste la lucha y te diste cuenta que la vida esta compuesta por el dolor y la celebración.
Verás que la tristeza también se aburre de uno. Termina por no aguantarnos y es ahí donde se guarda, no desaparace, únicamente se guarda en los estantes que la emoción se ha encargado de construir. Reserva su presencia hasta que su cómplice la alegría quiera tomarse un descanso.
Además, por lo menos en mi caso, la tristeza me impulsa a hacer cosas que no haría cuando estoy alegre. Me estímula a escribir, a desplegarme sobre un papel, a expresarme. La tristeza toma su propia voz, necesita manifestarse, abrirse camino y dejar en claro que ha poseído a un sujeto y lo esta maniatando por dentro y por fuera. Así la tristeza le dice a la alegría soy tan fuerte como tú y aún más. Te vencí, ¿ Dónde ha quedado tu algarabía, tu euforia, tu pasión ?
Pero como en toda emoción, la tristeza tiene sus fases. A medida que la experimento llega el momento de los cuestionamientos, se abre un paréntesis esperanzador que me dicta siempre las mismas preguntas : ¿ Porqué debo estar triste? Tengo muchas razones para no estarlo, 2 hijos preciosos, una casa, un trabajo, amigos, no muchos pero los suficientes, padres, hermanos, sobrinos. Y sobre todo un Dios que me quiere. ¿ Es acaso poco lo que tengo ? ¿ No basta con toda esa vida llena de maravillosa cotideaneidad?. En realidad y para decepción de muchos entusiastas no es suficiente. Y no lo es porque para que la tristeza desaparezca no hay que parcharla con las cosas buenas que nos suceden, hay que dejar que fluya, transitar por ella, tutearla y conocerla, mirarla de frente, aceptar que existe, porque eso es lo que ella quiere, que la aceptemos dentro de nuestra vida y que no andemos fugando de su presencia, escapando. Porque la señora tristeza se molesta y cuando eso sucede saca todos sus poderes y capturados por estos nos debilita de tal manera que nos convierte en sus fantasmas, en ánimas grises y se queda por más tiempo de lo esperado.
Por eso ante este sentimiento tan venido a menos solo puedo decirles, dejen que venga, igual los va a visitar. Acógelo, deja que hurgue en tu interior, no tengas miedo a lo que te va a producir, por que de la tristeza uno sale dignificado, eres otro, hiciste la lucha y te diste cuenta que la vida esta compuesta por el dolor y la celebración.
Verás que la tristeza también se aburre de uno. Termina por no aguantarnos y es ahí donde se guarda, no desaparace, únicamente se guarda en los estantes que la emoción se ha encargado de construir. Reserva su presencia hasta que su cómplice la alegría quiera tomarse un descanso.

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Anonymous, at 3:19 AM
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