Día de la Madre.
Cuando era chico el día de la madre significaba llevar una lata de leche al colegio, cortar papel lustre de distintos colores y pegarlos sobre la lata formando un gran collage que con la ayuda del profesor cobraban un especial brillo gracias al barniz. Luego venía la tan esperada actuación donde las mamás nos disparaban con los flashes de sus cámaras y a cambio mis compañeritos y yo les devolvíamos tiernas sonrisas. Finalmente llegaba el día de la madre ( siempre siendo el segundo domingo de mayo), mis hermanos y yo nos despertabamos muy temprano y en complicidad con mi padre entrabamos sigilosos a la habitación de mamá y la despertabamos con grandes besos, saltos en la cama y por ahí el más desinhibido se animaba a recitarle una poesía. El día se cerraba con un gran almuerzo en la casa de la abuela, donde tíos, sobrinos y mamás por supuesto eran felices. Punto final.
Luego creces y la cosa cambia. Te vuelves un adulto, o sea te vuelves muy estúpido. Y como primera muestra de tu estúpida adultez es creerte, casi ciegamente, el discurso de la publicidad. Crees que tú mamá necesita un reloj costoso, un viaje a la Isla Galápagos, un televisor de 120 pulgadas o una cartera de 300 dólares. Claro, a tú mamá le encantaría tenerlos, pero creo que le gustaría más que mantengas tu equilibrio emocional, que no te streses tanto y mucho menos revientes tu tarjeta y sufras por meses en pagar las cuotas de su regalo. Es más, si por ella fuera evitaría que vayas a esas inmensas tiendas por departamentos y te pelees con medio mundo por comprar esa única blusa que te vendieron como exclusiva pero que en el fondo todas las mamás la van a tener. Y tú mamá siente eso porque en el fondo, no hay nadie más comprensivo que tu madre, tu mamita, tu vieja. Ese ser tan incondicional que al cabo de cada día de la madre, año tras año, verá sus regalos, se sentirá gratificada y luego de darte un gran abrazo intentará imaginarte como cuando eras niño. Y quien sabe, tal vez alguna mamá, la tuya o la mía, se anime a sacar del baúl de los recuerdos ese hermoso florero que hiciste con papel lustre y lo luzca en el centro de la mesa del comedor.
Estoy casi seguro que luego de leer esta relato tan cursi irás corriendo a esa tienda por departamentos a comprar, sabiendo que te vas a encontrar con otros 200 neuróticos igual que tú pugnando por comprar una blusa. Pero la vedad, me encantaría que por una sola vez, tú y yo, mandemos al carajo a la publicidad y a nuestra estúpida adultez y en lugar de eso, este domingo le digamos a nuestras mamás cuanto, pero cuanto las queremos.
Que dices : ¿ Vamos a Saga o compramos papel lustre ?.
Luego creces y la cosa cambia. Te vuelves un adulto, o sea te vuelves muy estúpido. Y como primera muestra de tu estúpida adultez es creerte, casi ciegamente, el discurso de la publicidad. Crees que tú mamá necesita un reloj costoso, un viaje a la Isla Galápagos, un televisor de 120 pulgadas o una cartera de 300 dólares. Claro, a tú mamá le encantaría tenerlos, pero creo que le gustaría más que mantengas tu equilibrio emocional, que no te streses tanto y mucho menos revientes tu tarjeta y sufras por meses en pagar las cuotas de su regalo. Es más, si por ella fuera evitaría que vayas a esas inmensas tiendas por departamentos y te pelees con medio mundo por comprar esa única blusa que te vendieron como exclusiva pero que en el fondo todas las mamás la van a tener. Y tú mamá siente eso porque en el fondo, no hay nadie más comprensivo que tu madre, tu mamita, tu vieja. Ese ser tan incondicional que al cabo de cada día de la madre, año tras año, verá sus regalos, se sentirá gratificada y luego de darte un gran abrazo intentará imaginarte como cuando eras niño. Y quien sabe, tal vez alguna mamá, la tuya o la mía, se anime a sacar del baúl de los recuerdos ese hermoso florero que hiciste con papel lustre y lo luzca en el centro de la mesa del comedor.
Estoy casi seguro que luego de leer esta relato tan cursi irás corriendo a esa tienda por departamentos a comprar, sabiendo que te vas a encontrar con otros 200 neuróticos igual que tú pugnando por comprar una blusa. Pero la vedad, me encantaría que por una sola vez, tú y yo, mandemos al carajo a la publicidad y a nuestra estúpida adultez y en lugar de eso, este domingo le digamos a nuestras mamás cuanto, pero cuanto las queremos.
Que dices : ¿ Vamos a Saga o compramos papel lustre ?.

2 Comments:
Que divertido toda la noche pense en que era fácil estar concientes de quien es nuestro padre y como afecta su presencia en nuestras vidas, pero lo dificil que era descifrar exactamente quien era nuestra mamà más allá de que "siempre quiera" lo mejor para nosotros. Hoy al levantarme y tomar desayuno, leyendo el infaltable somos sobre la mesa, me encontre con una entrevista a Maitena, algunas veces idola otras demasiado amargada(para mi gusto), diciendo:" La madre es una bruja...deberiamos nacer sin madre" lo que me hizo descubrir que soy solo parte de este mundo globalizado, y al entrar a tu blog decidí comentar tu post generalmente nuestras mamás nos dan el espacio que necesitamos para desarrollarnos y se preocupan por todo lo que nos pasa sin embargo nos castran, nos vuelven machistas, nos hacen pedantes, engreidos, irresponsables, algunas veces muy cobardes pero sobre todo muy complicados.....creo que no son unas brujas, pobres! pero deberiamos nacer de un huevo.
Se perfectamente que no estoy comentando tu post sino compartiendo mi reflexión pero el tema da para esto.Gracias
Soy la identidad anónima, jaz, etc.:)
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Anonymous, at 9:07 AM
Parece que a ti te pasa al revés, con tu madre viene el conflicto.
Espero que hayas leido el del día del padre.
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Luder, at 8:43 AM
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